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domingo, 15 de enero de 2012

Ojo 01: Reloj

Ayer.
Ayer fue ayer.
Hoy.
Hoy es hoy.
Mañana.
Mañana será mañana.
Fue, es, será; las palabras que marcan nuestra existencia.
Hay un desplazamiento de un inmortal pero decadente cuadro al que llamamos tiempo.
Desde hoy a un mes se hará ya un año desde que ese ayer fue mañana.
Y es que aunque siempre es hoy, hoy fue ayer y mañana.
El hoy nunca acaba.
El hoy no perece.
El hoy no fracasa.
Mas sin embargo siempre recordaré el ayer y tendré el mañana.
Pero ¿y cuando los tendré?
Siempre los tendré hoy.
Porque aunque tuve un ayer, ayer fue hoy y mañana.
Los recuerdos vienen del ayer.
Pero siempre llegan hoy.
Mis esperanzas viajan al futuro.
Pero siempre las tengo hoy.
Todo lo que pensé, todo lo que hice, todos esos sueños, se han mantenido en línea continua hasta hoy.
Mañana será hoy y será ayer.
Que empeño el de control, el de querer tener todo en las manos.
Medir el tiempo, enredarse en empresas sin destino cierto.
Porque si bien vivimos el día de ayer, lo vivimos hoy.
El ayer solo queda almacenado, como datos distorsionados de una realidad unilateral que tomamos por vida.
El ayer nos llena de experiencias, razones y de predisposición.
El ayer castiga al perdón.
El ayer es un fantasma.
El ayer ya no existe.
Hoy no soy quien fui ayer, siempre he sido hoy.
Inventamos el nano, la millonésima, la milésima, centésima, décimas, segundos, minutos, horas, cuartos, medios, días, semanas, quincenas, meses, trimestres, estaciones, semestres, años, década, siglos, milénios, eones.
¿Para qué?
Para procurarnos mas preocupaciones. para procurarnos interacción controlada.
Para encadenarnos a un reloj.
Para limitarnos.
Para una vez mas no ser.
Es impresionante la sensación de seguridad que produce la idea del manejo de nuestras vidas.
Hoy se que haré mañana, a pesar de que el mañana no ha comenzado.
El mañana es una promesa descarada, porque mañana siempre será hoy y en cuestión de tiempo un espasmódico ayer.
El tiempo es el tirano de la libertad.
Agendas, calendarios, relojes, cronómetros, computadores, almanaques.
Todas invenciones, dominatrices de el mundo que nos hemos planteado por ideal, en el cual todos somos lo que no somos.
Mañana seré condenado por mis acciones de ayer.
Muchos nos hemos amarrado al pasado o hemos sido retenidos por la trampa del futuro.
Pero somos pocos los que sabemos lo que es vivir hoy y mas aun, ahora.
La vida se compara a un cigarrillo suavemente fumado a través de una boquilla de marfil tallada a mano, sostenida por un dictador auto impuesto.
Siempre queremos controlar y ser controlados.
Vivimos atrapado en fantasias tan fuertes que las hacemos ciertas.
Ayer, mañana y siempre, será hoy.
Siempre será, ha sido sido y es ahora.
Nacemos con una fortaleza invaluable.
La capacidad de ser sin temores.
Pero le llamo ser fuerte a tener miedo.
A cubrirme de ser herido.
Le llamo ser fuerte a privarme de la plenitud.
Le llamo ser grande a no correr riesgos.
La madurez es un retroceso.
Ese proceso en el cual la vida nos talla para formarnos, nos desgasta.
Nos llena de experiencias, pero nos resta confianza.
Ese proceso al que nos soldamos.
Esa misera existencial se llama tiempo.
Recordamos mucho del pasado.
Planificamos mucho para el futuro.
Pero no aprendemos del hoy.
Siempre es hoy.
Ayer ya no es.
Nunca será mañana.
Dejamos de vivir el ahora por culpa del pasado y dejamos todo para el futuro sin saber si lo tenemos.
Yo nací un día de hoy y casualmente un día de hoy moriré.
Ya no tendré que buscar mas la libertad para amarte, porque la libertad me va a encontrar a mi, el día que deseche mis artilugios de auto-control.
Mientras tanto, seguiré sumido en el terror de vivir a al deriva, sin mediciones de mi ahora.
Te amaré libremente, en un espacio y un tiempo sin relojes.
Por lo pronto, intento convencerme de que sea hoy y no un amor de ayer o mañana.
Dado que no logro desligarme totalmente de las ideas temporales, aun idealizo el almanaque.
Ayer.
Ayer fue ayer.
Hoy.
Hoy es hoy.
Mañana.
Mañana será mañana.

Ojo 00: Conjugación.

Yo.
Yo soy yo.
Tú.
Tu eres tu.
Yo quiero encontrarte
Y te preguntarás: "¿y quién soy yo?"
Tú eres tu.
Entonces, ¿quién soy yo?
Yo soy yo.
¿Y a quién busco entonces?
Te busco a ti.
¿Por qué te busco?
Porque te quiero.
En tu concepción, siempre serás un yo y yo seré un tu.
¿Entonces a quién quiero? ¿A ti o a mi?
Te quiero a ti.
¿Y no me quiero a mi?
También me quiero a mi.
Si yo soy yo y tu eres tu, ¿por qué te quiero a ti? Si ya me quiero a mi.
¿En qué momento seré yo para ti? si para ti siempre soy tu. ¿No te das cuenta? Yo soy yo y Tu eres yo.
Yo siempre seré tu en tu percepción y en la mía, yo seré yo.
¿Por qué me importas?
Tu no eres yo.
Me importo yo.
Formas parte de mis intereses, así que me importas tu como parte de un yo, por ende, te quiero, tal vez no como un sentimiento, pero si como a una idea.
Entonces sí, yo soy yo y tu eres tu, pero para ti tu eres yo y yo soy tu, no me buscas a mi, te buscas a ti.
Pero es que te busco a ti.
Eso se traduce en una búsqueda de mi, entonces...
¿Qué quiero?
Quiero control, quiero tomar mis propias decisiones y sentir estabilidad en la seguridad que procura el saber del futuro y que este se vió afectado por mi.
Quiero sentir que me perteneces y que en ti estaré completo.
Ya se, yo no te quiero, me quiero a mi y tu no eres para mi mas que una consecuencia de mi amor propio.
Pero siendo que yo soy tu, se que quieres control.
¿Quieres controlarme?
Por eso dices que me quieres a mi, al tenerme a mi, sentiras el placer de tenerte a ti, que para ti, eres yo.
Pero aun así, yo seré yo y tu serás tu.
Cada uno de nosotros es un yo, pero solo quiero controlar a mi yo, no al tuyo.
Indeflectiblemente, al controlar mi yo junto al tuyo, este a su vez quedará controlado.
Quiero controlarlo todo.
Quiero saberme vivo, saber que estoy, abrazar a mi nombre y pertenecer a mi, contigo a mi lado.
Mas eso ya sería un nosotros, un escenario perfecto, en el que tu y yo estaríamos juntos.
Pero aun así, tu serías tu y yo sería yo.
¿En donde quedaría yo contigo en mi?
¿Seguiría siendo yo?
¿Qué sería de ti?
¿Y es que acaso el yo se resume a mi cuerpo?
¿Cómo me uno a ti sin dejar de ser yo? Y tu en tus haberes, siempre serás un yo, pero yo seré yo y tú serás tu.
La necesidad de diferenciarnos, evita que estemos unidos, sin embargo, en medio del egoismo, mantenemos a raya todo aquello que nos hace uno.
No uno en uno, sino un todo en uno.
¿Todo?
Todo somos nosotros, pero también ellos.
Pero ¿quiénes son ellos?
¿Qué les importa a ellos?
¿Qué te importa a ti?
En realidad, ¿qué me importa a mi?
Solo te quiero a ti y a mi en uno y no puedo, porque tu insistes en ser tu y yo no he podido dejar de ser yo.
La necesidad de tener en nuestras manos la información de todo, nos hace celosos con ella y alejamos a los demás, dejando gotear solamente aquello que es menos relevante.
De ese modo conservamos la individualidad, asegurándonos de que tú seas tu y yo sea yo.
Controlo mi consciencia, para sentirme bien y ese bienestar la hace a si misma, entonces es un ciclo de retroalimentación de un perenne agónico, que me aleja de ti.
Es tan desesperado, que me he amañado y controlo horarios, lugares y hasta me aferré al sentido de posesión y me creí lo de las divisiones territoriales.
Quiero poseer tanto la capacidad de manipulación general, que acudo al psicólogo y allí descubro que yo no soy yo, sino una serie de síntomas.
Pero la verdad es que poco me importa, porque me importas tu y al final, yo, sigo siendo yo.
Así, nos mordisqueamos el yo unos a los otros y hasta se acaban los espacios para el tu.
¿Y si me descubro haciendo algo que no esperaba?
¿Y si trasciendo la fuerza de una voluntad autoimpuesta?
¿Ese soy yo?
¿Cómo me reconozco en un espacio desconocido?
¿Quién soy si nadie me recuerda?
En ese caso ¿soy? Y mas aun ¿soy yo?
Ese también eres tu, pues en tu propia concepción, serás yo.
Y así, somos como del mismo líquido, en distintos recipientes iguales, con diferentes estiquetas.
Necesito salir del envase, para poder estar junto a ti.
Lo ideal no es un tu o un yo, tampoco un pobre nosotros.
Lo ideal es ser.
Entonces solo cuando tu no seas tu y yo no sea yo, sino solo seamos, podremos experimentar el amor, en un espacio y un tiempo en el que no haya conjugaciones.
Pero por lo pronto, yo.
Yo soy yo.
Tú.
Tu eres tu.

martes, 10 de enero de 2012

10000 días de invierno

Todas las palabras han sido dichas
No hay algo nuevo que yo pueda aportar
Ya se sabe todo y tan poco se hace
Con mas de diezmil días vividos ya he visto el final

¿Viviré para ver el final de este invierno?

Con este cuerpo inyectado de años
La sangre se ha comenzado a granizar
Y un corazón congelado en dolor y decepciones
Se ve imposibilitado para bombear.
Mis pulsaciones han sesado en sus intentos
Y la idea de amor que tenía se hundió
Pues el amor entre humanos no existe
La luz que puso Dios en mi se extinguió.
En esta nave de nuevos ideales desesperanzados
Todo color se ha vuelto de un tono gris cadaver
Toda concepción de pertenencia se ha apartado
Y el ímpetu de seguir mariposas, paró en desaires.

¿Viviré para ver el final de este invierno?

Con esta carga helada a la cuesta de una mentira
Arrastrando gente en el camino a la cima de mi
Viviendo placebos en la piel de besos y caricias
Y abrazos de fansatsía que prefiero no sentir.
Cada apego que tuve bajo la nieve quedó sepultado
Como ahogadas en la ventisca quedaron mis emociones
Allí van cuesta abajo mis amores crsitalizados
pues este frío invierno lleva en mi cuatro estaciones.
No hay sol que pase estas grises nubes
Ni falso amor que penetre esta fría coraza
Pues la cálida piel que alguna vez tuve
Ahora esta envuelta en blanca escarcha.

¿Viviré para ver el final de este invierno?

Todas las palabras han sido dichas
No hay algo nuevo que yo pueda aportar
Ya se sabe todo y tan poco se hace
Con mas de diezmil días vividos ya he visto el final.
Y si soy capaz de sobrevir este invierno
Le juro al amor que no lo vuelvo a buscar
Porque congelado y muerto en mi frío infierno
Primavera, otoño y verano no me vuelven a engañar.